Mosquito

¿Son necesarios los mosquitos?

Es conocido que en la naturaleza cada especie forma parte del ecosistema general, de modo que la desaparición de alguna de ellas causaría desequilibrios en el conjunto. Sin embargo, ¿hasta dónde esta ley se aplica en el caso de los mosquitos? ¿Qué función tienen estos insectos? ¿Cuáles serían las consecuencias de su erradicación? Estas son algunas preguntas que se hacen los investigadores cuando se trata de un animal que es vector de transmisión de muchas enfermedades.
El debate sobre la eliminación de dicho insecto muestra argumentos a favor y en contra. Los factores negativos son obvios. Cada año mueren personas infectadas de malaria, dengue, fiebre amarilla, encefalitis, virus del Nilo y otras enfermedades de las cuales es portador el mosquito. Ello sin contar la molestia permanente que suponen para las personas. En muchos lugares hacen enjambres que cubren áreas asfixiando animales como el caribú de Alaska. Pero por otra parte, viven en todo el planeta cumpliendo la función de alimentar a especies de distintos ecosistemas. Algunos científicos alegan que acabar con ellos dejaría a su vez a otros depredadores sin sus presas o a plantas sin polinizadores. En relación con el Ártico, donde forman una compacta biomasa que flota sobre la tundra, la erradicación podría provocar que se redujera el número de aves migratorias cuya fuente de alimentación son los mosquitos. También hay muchos peces, arañas, ranas, salamandras, lagartijas, que gustan de comer sus larvas, pues son sabrosas a sus paladares y fáciles de atrapar. Sus dietas se afectarían radicalmente y no se sabe qué podrían hacer para sobrevivir. A su vez la pérdida de estos peces afectaría la cadena desde abajo hasta arriba. El consenso general es que, si bien es cierto que son necesarios para muchas especies, no son imprescindibles. La mayoría de los ecólogos considera que el precio que hay que pagar por librar a la humanidad de tantas calamidades puede ser perfectamente compensado dentro de los propios ecosistemas. Cada especie cambiaría de dieta, entre otras cosas porque no son ni la única ni la mejor fuente de alimentación posible. Los estudios apuntan a que hay pocas cosas que pueden hacer los mosquitos que no pudieran ser sustituidas por otros organismos, salvo una: chupar eficazmente la sangre de un individuo propagando la ruta de los microbios patógenos. Y al no haber evidencia de perturbaciones ecológicas significativas los científicos no aplauden tener consideraciones con ellos.